martes, 19 de junio de 2007

Funciones de los Medios de Comunicación en la Sociedad

Unidad 3: Contexto sociocultural de la comunicación





Orientación temática
Ninguna situación comunicativa se produce en el vacío; siempre está sometida a condicionamientos sociales y culturales. El primero de éstos atañe a la lengua que se usa: en nuestro medio cultural será mayoritariamente el castellano, el de Chile –con más o menos especificidades regionales– y no el de España, por ejemplo. El segundo condicionamiento concierne a la norma que se usa, la que dependerá, entre otras cosas, del grado de formalidad de la situación y del nivel cultural de los comunicantes.



Por eso, resulta de una enorme importancia conocer los condicionamientos que los contextos
socioculturales ejercen sobre las formas y la eficacia de la comunicación.
Estos condicionamientos son de diverso tipo y pueden afectar a la totalidad del lenguaje, o
sólo a una parte de él. Así, las normas que rigen los registros o niveles de habla que se utilicen
inciden tanto en el plano fonético-fonológico como en el morfosintáctico, e incluso en el semántico, ya que las mismas palabras adquieren distintos significados según sea la norma empleada (por ejemplo, en la norma informal usada por un sector de nuestra juventud, al adjetivo “mortal” se le da el sentido de “buenísimo”).






Forman también parte de los condicionantes socioculturales de la comunicación las relaciones
que se establecen entre los comunicantes, las que se manifiestan en los diversos grados de confianza que se pueden establecer, en el relativo relajamiento de la atmósfera de la situación, en el recurso a diferentes niveles de habla, etc. Este es uno de los aspectos que han sido objeto de reflexión del enfoque interaccional de la comunicación. Que tanto emisor como destinatario tengan claro su nivel de relación determina características que afectan directamente el fenómeno de la comunicación y el uso del lenguaje como su instrumento.
No ocurre lo mismo con los efectos performativos (que convierten el lenguaje en acción) en el
uso de ciertos verbos. Por ejemplo: para que éstos asuman la calidad de realizadores de la acción que designan es preciso que se cumplan ciertas condiciones tanto intralingüísticas como extralingüísticas: los verbos “jurar”, “prometer”, “bautizar”, entre otros, realizan la acción que designan sólo usados en el modo indicativo, tiempo presente, y por la primera persona (“yo juro”, “nosotros juramos”); en todos los demás casos designan la acción, pero no la ejecutan (“juré”, “prometeremos”). Pero lo que hace a esos verbos dependientes del contexto sociocultural es que suele también ser necesario que concurran condiciones extralingüísticas: para que el juramento sea válido; puede, en determinados casos, tener que realizarse con la mano derecha sobre la Biblia, ser la persona que jura mayor de edad, estar en sano juicio, hacerlo ante las personas calificadas para tomar el juramento, etc.



Primer Año Medio Lengua Castellana y Comunicación Ministerio de Educación 60
Esta capacidad del lenguaje no sólo de “decir” la realidad, representarla, sino también de “hacerla” o constituirla por el mero hecho de hablar, plantea la necesidad de un uso responsable de él en los actos de habla que realizamos. Esto, porque no sólo tienen esa capacidad los verbos performativos, sino muchas otras formas de uso del lenguaje en las cuales, sin decirlo directamente –y por eso precisamente– estamos haciendo algo (le estamos haciendo algo a otros con los cuales estamos hablando), sin percatarnos de ello las más de las veces. Una buena parte de los actos de habla que se efectúan habitualmente constituyen acciones tanto de apoyo, refuerzo, celebración como de descalificación, menosprecio, burla y hasta insulto más o menos disfrazado. En esta segunda dimensión, los actos de habla la mayor parte de las veces obstaculizan el buen éxito de la comunicación, y son una fuente permanente de perturbación y deterioro para las relaciones humanas.



Comprender este modo de uso del lenguaje y habituarse a considerar previamente el tipo de
actos de habla que se está pronto a emprender, así como dinamizar sus aspectos positivos y morigerar sus potenciales efectos negativos, por medio de indicadores de subjetividad por parte del que emite sus actos de habla, resulta muy necesario para facilitar la buena disposición del interlocutor y, con ello, la eficacia de la comunicación. Precisamente ésa es la función de las modalizaciones lingüísticas.



La situación de comunicación que se plantea entre los medios de comunicación de masas y su
público se diferencia en varios aspectos de la interacción interpersonal –sea directa o diferida (como la epistolar)–, coincidiendo más bien con la que se produce entre la obra literaria y su lector; en ambos casos, debido a la más intensa mediatización del emisor realizada por sus relevos –el narrador o los personajes en la literatura; “la dirección del canal”, “el departamento de prensa”, “los auspiciadores” en la televisión– y por el mensaje mismo: la obra literaria, el noticiario o el “spot” publicitario. Resulta importante que el estudiante identifique y reconozca las diferentes funciones que cumplen los medios de comunicación masivos en la sociedad, así como algunos de sus efectos más elementales.



Enfocar la lectura literaria desde el punto de vista comunicacional pone en evidencia, quizá
más claramente que en las demás actividades comunicativas, la importancia de los contextos
socioculturales para una percepción adecuada del contenido de los mensajes. Ello, porque se trata de un modo de comunicación cuyos contextos de producción y de recepción suelen estar distantes tanto espacial como temporalmente, lo que exige del lector un esfuerzo mayor que en la comunicación presencial. El debe asumir de la mejor manera posible el contexto social, cultural, económico, político, artístico, de pensamiento, etc., de la época en que la obra fue escrita y, a veces también, otro momento del desarrollo de la lengua. Esta labor puede ser difícil y, en muchos casos, por carencia de la orientación apropiada, tediosa. Pero puede también ser una labor fascinante si se consigue que el alumno vaya descubriendo todo el mundo real que se esconde y se revela detrás de la obra literaria, sus similitudes y diferencias con el propio, sus enseñanzas respecto de valores positivos que asumir y promover, así como de antivalores que rechazar y combatir.

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